No eres un mal padre o madre. Los niños pequeños son solo pequeños huracanes emocionales.
Son las 3 de la tarde en Target. Tu hijo pequeño está teniendo una crisis por un juguete. Todos los padres cerca te juzgan o se alegran de que no sean ellos. Tu pequeño está en el suelo, gritando como si se le fuera el mundo a acabar. ¿Por qué? Porque le dijiste que no al tercer juguete que quería hoy.

Si lees esto mientras te refugias en el baño para disfrutar de cinco minutos de paz, respira hondo. No estás solo. No estás fracasando. Y sí, hay maneras que realmente funcionan.
Aclaremos esto primero: las rabietas son normales. Son desordenadas, ruidosas y agotadoras. Pero son parte integral del crecimiento. Así que si tu hijo alguna vez se ha tirado al suelo porque se le partió el plátano por la mitad, no tienes ni idea.

El cerebro de tu niño pequeño todavía está creciendo
Antes de hablar de soluciones, entendamos qué sucede en el cerebro de tu hijo pequeño. El cerebro de un niño pequeño aún está creciendo. ¿Lógica? ¿Esperando lo que quiere? ¿Gestionando sus emociones? Todo sigue aprendiendo.
Tu hijo pequeño tiene emociones fuertes como las de un adolescente, pero con las habilidades de un niño pequeño. La parte de su cerebro que controla las emociones no terminará de crecer hasta que sea adulto. Cuando desea algo con muchas ganas y no puede tenerlo, o cuando está cansado, hambriento o tiene demasiadas cosas que hacer, su cerebro simplemente no puede procesarlo.

Piensa en las rabietas de esta manera: en las relaciones sanas, compartimos nuestros pensamientos y sentimientos. Pero los niños pequeños aún no pueden controlarse y apenas están aprendiendo a hablar. Las rabietas son su forma de decirnos cuándo ya han tenido suficiente o cuándo no están de acuerdo con nosotros.
¿Cuál es la gran diferencia entre intentar controlarte y estar realmente molesto? Intentar controlarte requiere planificación y autocontrol, habilidades que los niños pequeños aún no poseen. Cuando tu hijo tiene una rabieta, no intenta ser difícil. Lo está pasando mal.

La base que todo niño necesita
Todo niño feliz tiene una base sólida de amor, seguridad, atención y un sentido de pertenencia. Cuando los niños se sienten realmente valorados y comprendidos, las rabietas no desaparecen, pero se vuelven más fáciles de controlar.
Los niños, especialmente los pequeños y los que empiezan a caminar, necesitan ayuda para superar sentimientos difíciles. No deberían estar solos. Necesitan un apoyo seguro cuando los sentimientos fuertes los sacuden. Necesitan saber que no nos asustan los sentimientos fuertes, como las crisis, las lágrimas, la frustración y todas esas preguntas de "¿por qué ahora?".

11 técnicas que realmente funcionan en la naturaleza
Cuando tu hijo está teniendo una crisis, necesitas ideas que funcionen en ese momento. Aquí tienes consejos comprobados que te ayudarán en la sala, en la tienda o incluso en el coche:
1. Mantén la calma, incluso si tienes que fingir
Los sentimientos de tu hijo se transmiten a ti. Si empiezas a gritar o a enojarte, él lo nota y se enoja aún más. Mantén la calma por fuera (puedes gritarle a una almohada más tarde). Cómo manejas tus sentimientos es lo más importante para ayudar con las rabietas.
Tu calma = su señal para calmarse.

2. Ponte a su nivel
Arrodíllate o siéntate para poder mirarlos a los ojos. Este simple cambio te hará sentir menos miedo y más amigable, incluso cuando los sentimientos son fuertes. Se sienten más seguros y los ayuda a conectar durante el caos.

3. Expresar sus sentimientos en voz alta
Di lo que ves: "Estás muy enojado porque te dije que no". Nombrar el sentimiento ayuda a los niños pequeños a sentirse comprendidos y, con el tiempo, les enseña palabras que definen los sentimientos. "Todo tu cuerpo me dice que estás frustrado" o "Qué ira tan grande ahora mismo". No detendrá los gritos por arte de magia, pero a menudo calma la situación.

4. Primero comprender, luego arreglar
Intentar calmar una rabieta mientras está ocurriendo rara vez funciona. Empieza por comprender: "Está bien sentirse triste. Estoy aquí". Luego espera. "Veo que estás enfadado porque tenemos que irnos del parque. Es difícil dejar de divertirse. Y aún tenemos que ir a casa a cenar". Una vez que pase la oleada de ira, puedes ayudarlo con delicadeza o redirigirlo.

5. Da dos opciones (ambas te parecen bien)
Las rabietas suelen ocurrir cuando los niños sienten que no tienen poder. Darles opciones ayuda a los pequeños a sentirse en control: "¿Quieres cepillarte los dientes antes o después de la pijama?" o "¿Quieres el vaso rojo o el azul?". Esto les ayuda a sentir que tienen voz y voto dentro de tus reglas. Los pequeños triunfos importan.

6. Baja tu voz (no la hagas más fuerte)
Cuando tu hijo grite, no hables más alto. En cambio, habla casi como un susurro. A menudo, los niños tienen que dejar de gritar para oír lo que dices. Esto, naturalmente, calma la situación.

7. Esté atento a HALT: Hambriento, Enojado, Solo, Cansado
Muchas rabietas no son realmente por lo que parecen: simplemente se trata de que a tu hijo se le acaba la energía o la paciencia. La mayoría de las crisis ocurren cuando los niños tienen hambre, están cansados o tienen demasiadas cosas que hacer. Ten bocadillos a mano, ofrécele abrazos, mantén horarios regulares para las comidas y las siestas, y no olvides lo mucho que puede ayudar una siesta temprana.
8. Utilice la distracción inteligente
No se trata de ignorar sus sentimientos, sino de desviar su atención antes de que la situación empeore. "¡Ay! ¿Oíste ese camión de afuera?" o "¿Me ayudas a dibujar una cara graciosa en este papel?". Esto funciona muy bien con juguetes que mantienen las manos ocupadas: juguetes relajantes que puedan tocar, rompecabezas sencillos o bloques blandos que puedan apilar.
9. Respira con ellos
Enséñenles a respirar profundamente antes de la próxima rabieta y luego úsenlo juntos: "¡Soplemos una vela de cumpleaños!" o "¡Huele la flor, sopla la burbuja!". Conviértanlo en un juego y practiquen juntos. Practiquen esto cuando estén tranquilos para que esté listo cuando lo necesiten.
10. Usa tonterías para mejorar las cosas
Si la rabieta no es muy fuerte, ser gracioso puede salvar el día. Habla como un robot, ponte un juguete en la cabeza o haz una cara graciosa. Reír ayuda a restablecer un cerebro alterado más rápido que intentar razonar con él.
11. Dar abrazos, si los quieren
Algunos niños necesitan espacio durante las crisis, pero otros buscan cercanía. Si se acercan a ti o se inclinan hacia ti, un abrazo suave o un masaje en la espalda pueden hacer maravillas. No estás "premiando su mal comportamiento", sino que los estás ayudando a sentirse seguros y demostrándoles que están bien contigo durante momentos difíciles.

Qué NO hacer durante una rabieta
· No castigues los sentimientos. Los sentimientos no son malos; nos dan información. Está bien ponerles límites y aceptarlos todos.
· No les des golosinas ni les des tiempo de pantalla todo el tiempo. Puede que funcione ahora, pero les enseña a enojarse más la próxima vez que quieran algo.
· No intentes enseñarles durante una rabieta. Su cerebro no puede aprender cuando los sentimientos son demasiado fuertes.
· No te lo tomes como algo personal. Tu hijo no intenta controlarte, está abrumado.
Cómo preparar tu kit de ayuda para las rabietas
Si bien no puedes evitar todas las rabietas, puedes reducir significativamente su frecuencia con una preparación inteligente:
Crea un rincón para la calma: No es un tiempo fuera ni un castigo, sino un espacio acogedor donde tu hijo pueda relajarse. Agrega almohadas, su peluche favorito, un biberón sensorial o libros relajantes. Hazle saber que es un lugar seguro para expresar sus emociones fuertes.
Arma un kit portátil: Guarda un pequeño kit sensorial en el coche o en la pañalera. Incluye juguetes antiestrés, pelotas antiestrés, objetos con textura y objetos reconfortantes. Tener una caja de juguetes para sentirse mejor puede ser una gran ayuda para evitar rabietas.
Usa herramientas para enseñar emociones: Los libros sobre sentimientos, las tarjetas de emociones y los muñecos o peluches ayudan a los niños a aprender a identificar y expresar emociones en momentos de calma. Practica con ellos durante la hora del cuento o el juego.
Plan para el éxito: Un niño de 2 años no puede quedarse quieto durante 30 minutos en el supermercado. Planifique salidas más cortas, lleve refrigerios y tenga expectativas realistas para la etapa de desarrollo de su hijo.

Puedes lograrlo, incluso cuando no lo parezca
Queremos decirte que no pasa nada. Está bien sentirse frustrado e incluso preguntarse: "¿Me estoy perdiendo algo?". Algunos días se sentirán como retos de rabietas de alto nivel, y eso es perfectamente normal.
Cada crisis que sobrevives es una victoria como padre, incluso si no la gestionaste a la perfección. Las rabietas no son señal de que estés haciendo algo mal. Son señal de que tu hijo está creciendo, aprendiendo y poniendo a prueba su equilibrio emocional. Cada vez que mantienes la calma durante las fuertes emociones de tu hijo, le enseñas que sus sentimientos son manejables y que está seguro contigo.
Recuerda: los juguetes y las herramientas son apoyos, no soluciones mágicas. Funcionan mejor cuando se combinan con tu presencia serena y tu apoyo emocional. No intentas eliminar las rabietas por completo, sino aprender a manejarlas con más confianza y menos estrés.
¿Listo para crear tu kit de herramientas para las rabietas? Considera crear un kit para calmar a tu hijo con herramientas sensoriales y artículos de consuelo. Tener los recursos adecuados a mano puede hacer que esos momentos difíciles sean más llevaderos para ambos.
¿Y tú? Lo estás haciendo genial. Lleva bocadillos en tu bolso, un par de peluches en el bolsillo trasero y recuerda: "respira hondo". Estás criando a un ser humano completo. Eso es muy importante.
¿Cuál es tu mayor desafío con las rabietas ahora mismo? Comparte tus experiencias en los comentarios; podrías ayudar a otros padres a darse cuenta de que no están solos en esta situación.
