Criando niños emocionalmente inteligentes: 5 hábitos diarios
Raising Emotionally Intelligent Kids 5 Daily Habits

Criando niños emocionalmente inteligentes: 5 hábitos diarios

Raising Emotionally Intelligent Kids 5 Daily Habits

Ser padre es una tarea difícil. Podrías estar preparando el almuerzo mientras tu hijo tiene una crisis y hace un sinfín de preguntas al mismo tiempo.


Maya, de ocho años, vio cómo su torre de bloques se desplomaba. En lugar de hacer un berrinche, respiró hondo y dijo: «Me siento frustrada ahora mismo, pero puedo intentarlo de nuevo». Su madre sonrió, recordando cuando Maya gritaba y lanzaba bloques cuando las cosas no le salían bien.

¿La diferencia? La práctica diaria de la inteligencia emocional.


¿Qué es la inteligencia emocional para los niños?

La inteligencia emocional es como tener un superpoder para los sentimientos. Significa que los niños pueden comprender sus propias emociones, reconocer cómo se sienten los demás y afrontar situaciones difíciles sin perder el control.

Las investigaciones muestran que los niños emocionalmente inteligentes obtienen mejores resultados en la escuela, hacen amistades más fuertes y se convierten en adultos más felices.

El Dr. Daniel Goleman, quien escribió el famoso libro sobre inteligencia emocional, descubrió que estas habilidades importan más para el éxito que el coeficiente intelectual solo.

Aquí hay algo importante: lo que parece "mal comportamiento" a menudo es solo un niño que lidia con fuertes emociones sin saber cómo manejarlas. Enseñamos a los niños las letras y los números, pero olvidamos enseñarles qué hacer cuando se sienten enojados, tristes o frustrados.

Cuando los niños aprenden inteligencia emocional, pueden manejar la frustración sin gritar, hablar con claridad en lugar de chillar y ser amables con los demás.
¿Y lo mejor? La inteligencia emocional no es algo con lo que los niños nacen o no. Es una habilidad que se fortalece con la práctica, como leer o andar en bicicleta.

Sólo pequeños hábitos realizados todos los días.

Aquí tienes cinco hábitos que funcionan. No hay pasos complicados. No tienes que ser perfecto.

 

1. Nombra los sentimientos

La mayoría de los adultos no pueden explicar lo que sienten, por lo que los niños tienen aún más dificultades.

La diferencia entre "Quiero pegarte" y "Me siento frustrado" radica en usar las palabras adecuadas. Cuando los niños pueden expresar sus emociones, es menos probable que actúen mal.

Cómo hacerlo:

  • Habla de sus emociones como si estuvieras describiendo lo que ves: "Esa torre se cayó. Te ves muy frustrado".
  • Haz preguntas: "¿Qué sentimiento estás teniendo ahora mismo?" o "¿Qué tan grande es ese sentimiento de enojo: enorme o pequeño?"
  • Hable sobre sus sentimientos durante los cuentos, en la cena o durante la merienda.

Prueba esto: Crea un frasco de sentimientos. Coloca palabras que representen emociones o imágenes de caras que muestren diferentes sentimientos en un frasco. Saca uno y pregúntale a tu hijo: "¿Cuándo sentiste esto hoy?".

Además, repítele lo que siente. Un simple "Eso te hizo enojar mucho" le ayudará a sentirse comprendido.

Esta habilidad reduce las rabietas, genera confianza y ayuda a los niños a preocuparse por los demás.

 

2. Demuestre usted mismo buenas habilidades emocionales

No tienes que estar tranquilo todo el tiempo. Solo tienes que ser real.

Los niños aprenden sobre las emociones observándote. Si te enojas porque se te derramó un jugo, ellos también lo harán.

Pero si dices: "Me siento abrumado, necesito un minuto", les estás enseñando cómo manejar sus propios sentimientos.

Prueba esto:

  • Habla de tus propios sentimientos. "Estoy cansado y mi café está frío, necesito respirar hondo".
  • Admite cuando cometes errores: "Grité. Eso no estuvo bien. Intentaré usar una voz más tranquila la próxima vez".
  • Muéstrales cómo lidias con el estrés: respira profundamente, sal a caminar, escucha música o acaricia al perro.

Buena idea: Prueba a hacer un "chequeo de familia" por la mañana. "Me siento bien, pero un poco somnoliento antes del café".

Cuando las cosas salgan mal, no tengas miedo de empezar de nuevo. "¿Podemos intentarlo de nuevo esta mañana? Creo que los dos nos despertamos de mal humor". Los niños aprenden que los malos sentimientos no tienen por qué arruinar el día.

Seguirás cometiendo errores. No pasa nada. Pedir perdón y volver a intentarlo es una gran enseñanza.

3. No tengas miedo de los grandes sentimientos

No todas las rabietas necesitan detenerse. A veces, los niños simplemente necesitan espacio para expresar sus sentimientos.

En lugar de decir "¡Estás bien!", intenta decir: "Eso me molestó mucho. ¿Quieres un abrazo o un momento de tranquilidad?".

Crea un espacio seguro:

  • Crea un rincón tranquilo. No tiene que ser elegante, solo un lugar acogedor con libros, juguetes para acurrucarse o una almohada suave.
  • Después de que pasen los sentimientos fuertes, deje que su hijo dibuje o coloree cómo se sintió.
  • Para los niños mayores, puede ser útil escribir un diario o hacer una lista de reproducción de canciones que coincidan con sus sentimientos.

Buena idea: Aprovecha la hora del cuento para hablar de sentimientos. Deja de leer y pregunta: "¿Por qué crees que ese personaje está triste?".

En lugares públicos como restaurantes y tiendas, mantén la calma. Los niños necesitan que los ayudes a calmarse, no que se alteren demasiado.

Las emociones fuertes no son malas. El problema es intentar evitarlas. Siéntate con tu hijo. Deja que respire. Así aprende a manejar sus sentimientos.

 

4. Dale a los niños algo de control

¿Quieres menos peleas? Deja que los niños tomen decisiones.

Cuando los niños sienten que pueden opinar sobre las cosas, incluso sobre las pequeñas, es más probable que cooperen sin gritar.

Cómo darles el control:

  • "¿Taza roja o taza azul?"
  • ¿Quieres bañarte primero o ponerte el pijama primero?
  • ¿Quieres pedir disculpas ahora o escribir una nota más tarde?

Para problemas más grandes: cuando los niños tienen problemas con sus amigos, preocupaciones escolares o se sienten excluidos, ayúdelos a pensar en soluciones:

  • Detente y respira.
  • Piensa en lo que realmente ocurrió.
  • Piensa en algunas formas de manejarlo.
  • Elige uno para probar.

Cuando vengan a decirte "¡Todos me odian!", no te apresures a solucionarlo. Pregúntales: "¿Qué pasó que te hizo sentir así?". Los niños no necesitan respuestas perfectas; necesitan sentirse escuchados y aprender a resolver problemas.

Enseñar a los niños a pensar con usted, no solo a seguir órdenes, les ayuda a convertirse en personas emocionalmente fuertes.

 

5. Practica la gratitud y la atención

No hablamos de quedarnos quietos meditando. Solo de momentos sencillos para observar las cosas buenas.

Juegos de agradecimiento:

  •  "Nombra tres cosas que te gustaron del día de hoy".
  •  "¿Qué cosa te hizo sonreír?"
  •  "Pongamos algo bueno en nuestro frasco de agradecimiento familiar".

Prestar atención sin complicarse:

  • "Comamos esta manzana despacio. ¿Qué sabor sientes?"
  • "Cierra los ojos, ¿qué sonidos oyes?"
  • "Vamos a tumbarnos en el suelo y mirar juntos el ventilador del techo".

Reinicio rápido: Cuando la situación se ponga difícil, respiren juntos. O susurren algo por lo que estén agradecidos. Cambia el estado de ánimo rápidamente.

Además, ayude a los niños a percibir los sentimientos de los demás. "Ese perro parece asustado en el veterinario. ¿Cómo crees que se siente?". Estos pequeños momentos ayudan a los niños a desarrollar un buen corazón.

 

La verdadera verdad

Algunos días serán terribles. Tu hijo gritará por un sándwich mal cortado. Te enojarás. Darán un portazo. Y te preguntarás si todo esto funciona.

Eso es normal.

Criar hijos emocionalmente inteligentes no se trata de hacerlo todo bien. Se trata de estar presente, admitir tus errores y volver a intentarlo.

No necesitas ser consejero. Solo sé curioso, paciente y humano.

Empieza con un hábito. Sigue haciéndolo. El resto vendrá solo.

Empezando

Elige uno de estos cinco hábitos para probar esta semana. ¿Cuál te parece más fácil para tu familia? Recuerda: los pequeños cambios diarios marcan una gran diferencia.

No tienes que ser perfecto. Tus hijos no necesitan padres perfectos. Necesitan padres que se preocupen lo suficiente como para intentarlo, equivocarse y volver a intentarlo.

La inteligencia emocional no es algo con lo que se nace. Es algo que se aprende. Y los mejores maestros son los padres dispuestos a aprender junto con sus hijos.

Empieza hoy. Tu yo futuro y tus hijos te lo agradecerán.

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